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INKORRUPTIBLES. Misceláneas sociopolíticas

INKORRUPTIBLES. Misceláneas sociopolíticas

Cognición y Epistemología. Política y Sociedad, Estado, Democracia, Legitimidad, Representatividad, Equidad Social, Colonización Cultural, Informalidad y Precariedad Laborales, Cleptocracia, Neoconservadurismo, Gobiernos Neoliberales, Vulnerabilidad, Marginaciones, y Exclusión Colectivas y Masivas, Kirchnerismo Peronista, Humanidades, Sociología, Ciudadanía Plena, Descolectivización e Individualismo, Derechos Sociopolíticos, Flexibilidad ocupacional. Migraciones Laborales. Discriminaciones por Género, y Étnico-raciales, Políticas Socioeconómicas, Liberalismo neoconservador, Regímenes neoliberales de acumulación, Explotación laboral, Mercado de trabajo, Flexibilización y precariedad ocupacional, Desempleo, subocupación, subempleo, Trabajo informal...

DIVERSIDAD EN CUESTIONES SOCIOLABORALES - Juan Labiaguerre

En tanto complemento ineludible del enfoque histórico en ciencias sociales, un método paralelo alude al recurso comparativo, resultante de la conciencia de la diversidad: la variedad de formas y procesos, de estructuras y comportamientos sociales, tanto en el espacio como en el tiempo, lleva necesariamente a la curiosidad del estudioso, al examen simultáneo de dos en o más objetos que tienen a la vez algo en común y algo diferente (Beltrán, 1993: 23). Esta interpretación se aleja de la creencia convencional, asentada en la concepción sociológica clásica, por ejemplo de raigambre durkheimiana, que pretendía parangonar su metodología con la correspondiente a las ciencias naturales “duras”.

Dicha visión afirmaba que “el método comparativo sustituye en las ciencias sociales al imposible o muy difícil método experimental propio de muchas de las ciencias físico-naturales... [teniendo en cuenta que] el científico social sólo muy raramente puede manipular las variables de manera directa. En tanto que, gracias al método comparativo, puede manipular indirectamente las variables que le interesa controlar” (Beltrán, 1993: 23).

El proceder que tiene como finalidad la construcción de tipologías, o clasificaciones, ambas encuadrables en una actitud metodológica conducente al logro de cierta “tipificación taxonómica”, representan operaciones elementales de todo procedimiento científico. En consecuencia, la especificidad de tal método, en nuestro caso referido al estudio de la esfera sociolaboral, consiste puntualmente en recurrir a la comparación sistemática de fenómenos de diferente tiempo o ámbito espacial, con el objeto de obtener una visión más rica y libre perteneciente al ámbito o época del investigador, o de articular una teoría o explicación que convenga a fenómenos que trasciendan ámbitos o épocas concretos (Beltrán, 1993: 24).

En referencia al proceso de degradación ocupacional, es inevitable un ejercicio intelectual comparativo, ya que los caracteres asumidos por el mismo, en nuestros días, resultan parcialmente asimilables con algunos rasgos de tal fenómeno expresados históricamente. Además, en aras de un entendimiento cabal de la cuestión, deben contrastarse distintas manifestaciones de ella en culturas, países y sociedades diferentes.

Enfrentando un tratamiento científico convencional de índole positivista, adoptado desde perspectivas variables, se desarrolló un pensamiento inconforme con el mero estudio de “aquella realidad que viene dada”, que cuestionó el orden social imperante, o statu quo. Es sumamente conocida la posición marxista, durante el siglo XIX, opuesta radicalmente a distintas concepciones estáticas de la sociedad, limitadas a la simple observación de esta, y proponiendo una perspectiva “materialista dialéctica”, o teoría tendiente al descubrimiento de las leyes reales, explicativas de las sucesivas transformaciones radicales de aquélla.

De allí la vigencia de un tercer método, de carácter crítico-racional, que durante la primera mitad de la centuria siguiente fue desarrollado -entre muchas otras corrientes teóricas- por la denominada Escuela de Frankfurt, cuya postura teórica no apunta al logro de una acumulación de conocimientos por sí mismos, sino que su meta radica en la “emancipación del hombre de la esclavitud”[1] (Beltrán, 1993: 27). En el sentido expuesto, “reclamar para la ciencia social el ejercicio de la racionalidad en la consideración de los fines sociales, es tanto como decir que uno de los métodos de la sociología ha de ser el crítico-racional (Beltrán, 1993: 28).

En nuestro caso, el incremento del “saber” acerca de las distintas modalidades precarias de inserción laboral, contrastadas con otras formas históricas de vulnerabilidad ocupacional, no representa un objetivo en sí mismo, sino un medio de cuestionamiento de los regímenes que legitiman, inclusive desde el punto de vista normativo-jurídico, aquellas relaciones productivas.

El análisis de los modos de uso de la fuerza de trabajo humano tiende a develar los diversos mecanismos de explotación del esfuerzo de una masa de la población mundial, dado que ellos explican muchos de los factores que generan crisis, tensiones y conflictos en el seno de las sociedades. Particularmente, en este fin de siglo, el funcionamiento del modelo de acumulación capitalista globalizado, en lo que refiere específicamente al ámbito del empleo, determina en gran medida ciertos problemas graves del presente, tales como la violencia social, las migraciones masivas, nuevos tipos de enfrentamientos étnicos, la miseria económica creciente, las hambrunas, la mortalidad infantil, etcétera.

La posibilidad y necesidad de uso del cuarto método, cuantitativo, en el análisis de la realidad social, se presenta en lo que refiere a ciertos rasgos del objeto de estudio, que lo requieren específicamente. Dado el carácter peculiar de los fenómenos y procesos propios de toda sociedad, algunos de sus aspectos resultan mensurables cuantitativamente, mientras que en otros es impracticable ese tipo de medición: el hombre y la sociedad humana presentan múltiples facetas a las que conviene el método cuantitativo: todos aquellos en que la cantidad y su incremento o decremento constituyen el objeto de la descripción o el problema que ha de ser explicado (Beltrán, 1993: 33). Dicha aclaración aparentemente obvia o trivial, sostiene el autor, obedece a que “si bien el problema puede ser de cantidad, quizá la explicación no tenga por qué ser cuantitativa”, tal como ocurre, por ejemplo, en el tratamiento de cuestiones de índole demográfica].

Este recurso resulta de uso imprescindible, en aras de la posibilidad de acceso al estudio de ciertos acontecimientos y problemas sociales. Es sabido que dicha metodología no presenta un correlato excluyente con la “vía empírica”, pues aquélla recurre siempre a procedimientos empiristas, mientras que lo inverso no es cierto, pues empírica es también la investigación cualitativa, en la medida en que no es puramente especulativa, sino que hace referencia a determinados hechos. De acuerdo con lo apuntado, conviene “reservar la utilización del término empírico para la investigación o la reflexión cuyo referente fáctico sea sumamente próximo, ya se utilice el método cuantitativo o el cualitativo. Y no empírica, o no inmediatamente empírica, sería aquella investigación o reflexión de corte filosófico, lógico o valorativo en que el referente teórico fuese más lejano o pre-textual (Beltrán, 1993: 33-34).

Aquel análisis sociológico que demande el abordaje de indicadores, susceptibles de apreciarse cuantitativamente, deberá usar necesariamente una metodología afín, ya se trate de información surgida de fuentes diversas, que aportan datos “secundarios”, preexistentes e independientes de la investigación, o a través de la aportación de elementos informativos, muchas veces elaborados en forma ad-hoc por el mismo investigador, de carácter “primario”.

A efectos de operacionalizar las nociones sustanciales sobre el objeto de nuestro análisis, surgidas del estado de la cuestión, se analizan datos estadísticos secundarios, provenientes de fuentes tanto oficiales como privadas. En forma paralela a ese tratamiento cuantitativo, se han de tener en cuenta los resultados de diferentes estudios sobre trayectorias laborales, de personas y grupos sociales, que permitan asimismo estimar la dimensión cualitativa de los procesos tratados.

Respecto del quinto método, o cualitativo, que utiliza procedimientos tales como la entrevista, la observación participante, los estudios de casos o las historias de vida, entre otros, es preciso consignar que tanto por lo que se refiere al objeto de conocimiento como al método que le sea adecuado, cantidad y cualidad se sitúan en dos planos completamente diferentes [...], que implican modos no convergentes de enfrentar la cuestión. El autor agrega que, en ese sentido, “la tecnología estadística ocupa un lugar subordinado a la tecnología lingüística, pues contar unidades es una operación posterior y lógicamente inferior a la de establecer identidades y diferencias” (Beltrán, 1993: 39-40).

Con relación al tema central en cuestión, los datos meramente cuantitativos, sobre todo aquellos de carácter secundario obtenidos mediante indicadores estadísticos oficiales y privados, resultan insuficientes. Ello debido a que dicha información sólo deja traslucir una parte superficial de la realidad, puesto que sus guarismos, por condicionamientos técnico-burocráticos y/o intereses políticos, esconden la manifestación en plenitud de los efectos reales del proceso de degradación ocupacional.

Teniendo esa cuenta la limitación antedicha, es imprescindible recurrir al método cualitativo, mediante observaciones directas “de campo o en el terreno” -realizadas con un criterio cuasi etnográfico-, entrevistas en profundidad, recopilación de relatos de trayectorias biográficas laborales, o historias de vida, etcétera. Tales procedimientos permiten recrear situaciones fácticas concretas, a través de vivencias experimentadas por los propios actores involucrados en el fenómeno estudiado, cuyas implicaciones superan, con holgura, el marco ofrecido por resultados de encuestas, efectuadas por medio de cuestionarios, más o menos estructurados. Al respecto, Las principales hipótesis preliminares sostenidas en este estudio fueron corroboradas empíricamente, a través de investigaciones de campo, cuyas resultantes -a la vez- se cotejan, de modo comparativo, con datos y estadísticas oficiales, y aquellas otras surgidas del ámbito académico privado.

La aplicación de los métodos alternativos y heterogéneos señalados, requeridos por el estudio de la problemática social, mediante una disciplina científica que supere un tratamiento demasiado sesgado de su objeto de investigación, remite al hecho de que a la complejidad del objeto corresponde necesariamente un planteamiento epistemológico que he venido calificando de pluralismo cognitivo [lo cual] impone como correlato necesario un pluralismo metodológico que permita acceder a la concreta dimensión del objeto a la que en cada caso haya de hacerse frente (Beltrán, 1993: 44)

En referencia al eje temático propuesto, esto es los mecanismos contemporáneos generadores de precariedad laboral y sus severos impactos sociales, las alternativas deductiva o inductiva de acercamiento a dicha problemática dependen, en gran medida, de los objetivos planteados por eventuales enfoques alternativos. Al respecto, quien emprende la vía deductiva lo hace por lo general en busca de la cuantificación, si no en términos absolutos al menos en relación con la economía convencional, pero al final el resultado es un guarismo de difícil valoración operativa. Quien emprende la vía inductiva tropieza enseguida con todo un mosaico de actividades, incluso muy diferentes entre sí, que desbordan las posibilidades de análisis sistemático, lo cual obliga a hacer una elección. Cabe aclarar que esta visión concentra su perspectiva en el análisis de las ocupaciones de la economía “sumergida o subterránea”, desde el punto de vista de su ilegalidad, cuando el presente estudio refiere la condición de informalidad a un espectro ampliado  (Sanchis, E., y Miñana, 1988: 11).         Diversos y múltiples análisis teóricos, sustentados relativamente en estudios empíricos, se realizaron desde hace tres décadas -sobre todo en el transcurso de la última del siglo- respecto de la temática referida a la “vulnerabilidad del trabajo”. Tanto en el orden mundial, como así también en espacios regionales y/o nacionales, los mismos reflejaron el tratamiento de dicha cuestión a través de una determinada bibliografía especializada, a partir de sendas perspectivas complementarias o divergentes.

El abordaje de este ensayo apunta al problema de las transformaciones de las relaciones de producción, y de sus derivaciones, sobre los lazos sociales de integración colectiva, coincidiendo en considerar como contenido de la realidad social a las relaciones sociales, esto es, al conjunto de relaciones entre posiciones sociales que constituyen la estructura social [...] lo observable no consiste primordialmente en conductas, sino más bien en una retícula de posiciones y distancias sociales que en parte es estable y equilibrada y en parte está cargada de tensiones, con lo que dicha retícula está modificándose, rompiéndose y recomponiéndose constantemente. “Las posiciones sociales no son monádicas: no están sueltas, sino agrupadas en series o conjuntos, articulados a su vez entre sí en relaciones de segundo orden. Tales relaciones, ahora entre grupos, no entre posiciones sociales, implican cooperación y conflicto, alianzas y líneas de fractura, dominantes y dominados [...] son precisamente las relaciones de segundo orden -entre grupos o conjunto de posiciones sociales- las que determinan las relaciones primarias -entre posiciones sociales” (Beltrán, 1991: 75-76).

Las numerosas concepciones elaboradas en torno del complejo espectro del trabajo comprenden un extenso abanico, el cual contiene desde encuadres metodológicos -centrados en dimensiones preferentemente económicas- hasta enfoques conceptuales dotados de una amplia apertura interdisciplinaria. La mixtura entre ambas posiciones permite la convergencia de la evaluación de indicadores cuantificables, expresados mediante determinadas tasas, con la utilización de criterios cuali-cuantitativos, abarcativos del conjunto de condicionamientos sociales, que giran alrededor de la actual coyuntura atravesada por la "cuestión del empleo".

Las ciencias sociales se ocuparon particularmente de los temas relacionados con la transformación del “mundo del trabajo”, considerando las variadas consecuencias que este fenómeno trae aparejado, en términos de cambios sustanciales en las condiciones materiales de vida, y en las formas de inscripción relacional de los individuos (y grupos) en el entramado social de las colectividades. Se han abordado ampliamente los aspectos anclados en las implicancias de la severa reducción de las fuentes de generación de empleos, en el contexto internacional, y sus drásticos efectos sobre el creciente deterioro de la situación económica de grandes masas de la población. En este sentido, fueron objeto de tratamiento destacado los procesos colaterales al incremento de la desocupación, el subempleo y la precariedad  de las inserciones laborales: entre ellos, asumen notoria relevancia la acentuada distribución regresiva del ingreso y los mecanismos concomitantes de marginalidad  y exclusión sociales.

En consecuencia, al margen del uso imprescindible de variables económicas surgidas a partir de fuentes primarias y secundarias, la realización de investigaciones por medio de entrevistas semi-estructuradas y/o personalizadas, que remitan a relatos de trayectorias laborales de mediano alcance, enriquece sustancialmente el marco analítico. Asimismo, debido a la multiplicidad de factores involucrados en el proceso de precarización laboral, la construcción de una tipología de perfiles de inserción ocupacional, que contemple integralmente las modalidades heterogéneas adoptadas por aquel fenómeno, puede contribuir a la profundización empírica del tema.

Desde comienzos de la década de los años noventa se han utilizado distintos criterios estimativos acerca del deterioro de las condiciones socio-ocupacionales, progresivamente polifacéticos a medida que emergieron variadas formas de segmentación de la población activa, las cuales constituyen un reflejo de diversas vivencias de inestabilidad y desprotección, expresadas a través de determinadas inserciones en el mercado de trabajo.

Frente a esta realidad, representada por un universo laboral sumamente fragmentado y heterogéneo, surge la necesidad de una aproximación que reconceptualice estructuralmente de los esquemas referidos al cambio social, adecuados desde un punto de vista analítico, en términos de una "radiografía", teniendo en cuenta la presencia de un complejo morfológico que ya no puede ser contemplado en cuanto sociedad del trabajo en un sentido convencional. En este aspecto, fue propuesta la construcción teórico-metodológica de un "sistema de coordenadas con cuya ayuda se pudiera cartografiar aquellas parcelas de la realidad social que no se encuentran completamente determinadas por la esfera del trabajo y de la producción" (Offe, 1984).

Cabe agregar que la dinámica propia del mercado ocupacional, referida a la modalidad específica asumida por el desfase entre el proceso de creación de empleos y la disponibilidad correlativa de mano de obra, se refleja a través de un índice de desocupación -abierta u oculta- alto y persistente. Sin embargo, sobre todo durante la última década, cuando la oferta laboral excedió de manera sostenida y crónica la generación de puestos laborales a tiempo completo, ello redundó en el incremento proporcional del subempleo.

A lo largo de todo el tratado se acude a un planteamiento compuesto, en la medida en que son utilizados recursos históricos y comparativos, que servirán -a la postre- para la fijación y análisis detallado del eje temático de la problemática en cuestión. Dada la multicausalidad de la mutación abordada, se recurre también al uso necesario de otros métodos, tanto cuantitativos como cualitativos, dentro de un enfoque que cuestiona la realidad contemporánea, cristalizada en la función atribuida al trabajo, y sus consecuencias socioeconómicas y culturales.

Corresponde señalar el carácter universal del fenómeno de la desigualdad entre los seres humanos, al hallarse vigente en todas las sociedades, lo cual remite a la existencia de diferencias, con dimensiones variables según los casos, de riqueza material, poder y prestigio entre sus miembros. Los distintos criterios y grados de estructuración de dicho fenómeno responden a las especificidades propias de una gran diversidad sociocultural, manifestándose a través del transcurso histórico bajo las formas de esclavitud, estamentos o clases de la sociedad industrial. Al representar la defensa de la igualdad una fuerte base normativa de la civilización contemporánea, la cuestión acerca de los límites tolerables de las situaciones desigualitarias, así como sobre las pautas correspondientes a la movilidad social, presentan una relevancia destacada (Kerbo, 1998).  

El tratamiento sociológico integral respecto al trabajo humano precisa recurrir a enfoques interdisciplinarios, es decir articulados entre diversas ciencias sociales, dado que el mismo constituye un factor complejo aglutinador de múltiples circunstancias que atañen a relaciones entre personas y grupos, en definitiva, configuradoras de pautas convencionales trazadas alrededor de un componente esencial de la convivencia colectiva, como lo es la actividad laboral. Por lo tanto, la comprensión de la materia en cuestión requiere el abordaje correlativo del contenido sustantivo teórico y la corroboración empírica de los indicadores polifacéticos del campo en estudio. Dicho ejercicio investigativo abarca, en forma indisolublemente ligada y de manera simultánea, tanto el tratamiento abstracto de ideas e interpretaciones elaboradas por escuelas y autores académicamente reconocidos, como el análisis de las expresiones concretas de los fenómenos, eventos o sucesos estudiados.

Una vez sentados los fundamentos antropológicos e históricos del significado social del trabajo, corresponde tratar las connotaciones e implicancias político-económicas que conforman aspectos esenciales del área de conocimiento enfocada. Resulta imprescindible, entonces, brindar un panorama amplio sobre la sustancia y la incidencia concernientes a las instituciones representativas de los diversos segmentos sociales y al funcionamiento del “mercado”. La especificación de los rasgos inmanentes del ámbito estatal de la sociedad civil, así como aquellos pertinentes a los sectores público y privado, de modo respectivo, debe reflejarse nítidamente a través de su cristalización manifiesta en la esfera laboral.

El núcleo central de nuestra investigación demanda una consideración dual ya que, por un lado, el punto de vista macrosociológico con relación al trabajo ofrece una “explicación comprensiva” de los factores cruciales que inciden en la estructura, el dinamismo y las transformaciones del mundo ocupacional en el conjunto de una sociedad determinada. El mismo evoluciona y trasciende a partir de interacciones cooperativas o antagónicas, por medio de la colaboración y el conflicto, respondiendo a fuerzas e intereses concretos puestos en juego permanentemente, constituidos por agrupaciones, sectores, estratos o clases sociales portadores de expectativas, ora compartidas, ora divergentes.

La perspectiva precitada debe contemplar los mecanismos de “flexibilización externa” del mercado de trabajo, teniendo en cuenta que ellos organizan de algún modo, aunque fuera como actualmente se realiza a través de procedimientos desregulatorios, jurídicos y de facto, la distribución de la población económicamente activa entre los empleos o actividades disponibles. A partir del análisis de la estructura ocupacional en términos de las relaciones sociales vigentes dentro de un contexto institucional político-económico dado, entonces, la macrosociología del trabajo concierne al marco societal dentro del cual se desarrollan las actividades laborales en su conjunto.

En cuanto a las corrientes conceptuales de la sociología contemporánea del trabajo, es preciso evaluar los caracteres básicos de las sociedades industriales modernas, que comprendan la estructura ocupacional integral y la composición de la población económicamente activa. El enfoque específicamente sociológico del funcionamiento de mercado laboral conduce a dilucidar los cambios en las modalidades de organización del trabajo, partiendo de la emergencia de nuevas tecnologías que requieren la implementación de la flexibilidad productiva. 

A continuación, corresponde acceder a una “microsociología” del trabajo, donde se expliciten los elementos organizacionales vigentes que componen toda entidad o empresa en las que se desarrollan procesos laborales. El concepto de capital humano representa una especie de idea-fuerza actuante como bisagra, articuladora de los campos macro y micro, al estimarse que el desarrollo de los recursos humanos dentro del ente o de la firma empleadores, en un sentido enriquecedor y creativo para el conjunto del personal contratado, debería ser correlativo a una visión acorde extensible a la sociedad integralmente.

Esta segunda parte, abocada al estudio de las relaciones laborales propiamente dichas, procura analizar detalladamente las instituciones que enmarcan la interacción de las organizaciones y entes representativos de los intereses de las “patronales” y de los trabajadores, respectivamente. La concepción del escenario ocupacional en tanto campo de interrelación colectiva, en este caso acotado al espacio concreto de realización de la actividad laboral, da cuenta de la dinámica localizada mediante cuyo desenvolvimiento los diferentes actores participantes del proceso despliegan sus estrategias in situ.

Interesa destacar en este segundo acercamiento teórico la configuración del sistema de relaciones de las organizaciones sindicales de los trabajadores frente a las estrategias llevadas a cabo por los entes empresariales, en los propios ámbitos laborales. El grado y cualidad de la intervención estatal representa un rol esencial en tal problemática, caracterizada por una conflictividad potencial y la eventual puesta en práctica de convenios colectivos de trabajo dentro del panorama extendido del desenvolvimiento de las denominadas “relaciones industriales” en América Latina, especialmente en la Argentina.

Dentro de la esfera empresarial, el manejo de las relaciones interpersonales e intergrupales, junto a una capacitación adecuada al comportamiento verdaderamente activo de la “mano de obra utilizada”, constituyen elementos prioritarios en términos de la organización laboral de cualquier emprendimiento económico-productivo. Asimismo, en este enfoque microsociológico cobran relevancia factores referidos a los procesos de “flexibilidad interna”, tales como los recursos de la polivalencia funcional y de la especialización flexible, entre otros.

El mejoramiento de las condiciones ocupacionales coadyuva al logro de una eficacia creciente en el funcionamiento de los sistemas productivos, debido a los ahorros en los costos vinculados al aseguramiento de la integridad física del trabajador y a las predisposiciones y actitudes del personal empleado, circunstancias que hacen necesaria la asunción de estrategias planificadoras en el área de “relaciones humanas” y preventivas en términos de la disponibilidad potencial de mano de obra extra.

Una impronta crucial de la era “posfordista”, cristalizada en expresiones aún hoy en día emergentes de organización del trabajo, radica en la factibilidad de reconversión técnica y procedimental conectada a la fragmentación de los procesos productivos. Dicha instancia genera las condiciones propicias de una reconstitución fundamental de los factores intervinientes en los quehaceres laborales, alusivos a la “producción descentralizada”, orientada ésta hacia nuevas formas organizacionales de la actividad industrial. Ello implica mutaciones de gran complejidad, todavía en curso, fundadas progresivamente sobre innovaciones organizativas en cuanto al trabajo grupal, respecto a la potencialidad de aplicación de tecnologías informáticas de avanzada y con relación al rol decisivo asignado al diseño de los productos, bienes y servicios.

El conjunto de las posibilidades apuntadas atañe al nexo directo virtualmente establecido entre las facetas productivas, aquellas vinculadas a la distribución y las pertinentes a la esfera del consumo, aunque este ideal conlleve políticas conducentes a neutralizar o, lisa y llanamente, eliminar de modo tajante y definitivo, la influencia que otrora ejerciera el trabajador colectivo, u obrero-masa, típico de las grandes plantas industriales. Sin embargo, este costado de la problemática laboral repercute crudamente en el manejo arbitrario de “la patronal”, el cual con frecuencia deriva en la precarización y vulnerabilidad, hasta ahora constantes, de la fuerza de trabajo.     

Durante el apogeo de la sociología industrial de posguerra dentro de los países capitalistas avanzados las investigaciones de este campo, en el caso de la escuela estadounidense se realizaban, mayormente, a partir de la consideración prioritaria de factores psicosociales que inciden en la estructura organizacional de los ámbitos laborales, y respecto al entorno inmediato de ellos. Era soslayado a través de dicho enfoque el análisis del proceso de trabajo en sentido estricto, junto a sus connotaciones polifacéticas, lo cual si fue estudiado por las corrientes de la disciplina desarrolladas en Europa occidental. Asimismo, en términos generales, gradualmente se procuró ampliar la perspectiva de la materia a las esferas correspondientes a las actividades no-industriales, es decir llevadas a cabo en los sectores primarios y terciarios de la economía; tal extensión implicó abordar problemáticas sociales de alcance y complejidad superiores, que fueron tratadas por medio de conceptualizaciones alternativas, muchas veces divergentes entre sí.

A comienzos de los años sesentas, la “sociología del trabajo” propiamente dicha ya comprendía la indagación acerca del funcionamiento colectivo de grupos y comunidades, sumamente heterogéneos en cuanto a su esencia, magnitud y desenvolvimiento respectivos, configurados alrededor de las variables ocupacionales en todas sus dimensiones, abarcando las interrelaciones múltiples y variadas emergentes de ellas. Esta visión panorámica incluye el tratamiento analítico en diferentes y complementarios planos temáticos, tales como los efectos sociolaborales de los cambios tecnológicos continuos sobre las actividades productivas, y las conexiones de las citadas consecuencias con factores externos a la propia empresa o establecimiento donde se desempeñan los trabajadores, además del carácter propio de los vínculos y acciones recíprocos, intergrupales e interpersonales, desplegadas en el mismo lugar de trabajo.

Hacia mediados de la década mencionada, la concepción singular en la que se basaba la índole específica de la disciplina respondía a un encuadre sustantivamente sesgado, en dirección a una estimación del conjunto de elementos mediante los cuales los individuos y ciertos entes colectivos, constituidos éstos de manera más o menos espontánea, formalizada o institucional, aportan activamente a la sociedad que integran en su conjunto. Al definirse a través de una proyección, y no de un mero espacio localizado, este posicionamiento teórico en el aspecto investigativo, expresa una tendencia sociohistórica, contrastando el enfoque atemporal de los fenómenos sociales superficiales condicionados por los procesos laboral-productivos, propulsando el estudio del universo social del trabajo en tanto obra de los seres humanos actuando colectivamente.

El último abordaje señalado, de contenido determinante del nuevo perfil asumido por las investigaciones empíricas en el campo de la sociología del trabajo, coincide con la estimación de una evolución correlativa entre progreso tecnológico y organización laboral empresaria, aunque de ningún modo en términos causales “mecánicos”, sino admitiendo por el contrario la existencia de márgenes elásticos de procedimiento. Por otro lado, de acuerdo con dicha premisa, la implementación de esquemas teóricos organizacionales no redunda necesariamente en una mayor eficiencia desde el punto de vista de las entidades empleadoras, teniendo en cuenta que preceptos similares pueden generar resultantes diferentes según la variedad de los contextos y factores circunstanciales vigentes en cada caso.

En el transcurso de los años setentas tendió a consolidarse progresivamente una inclinación emblemática que caracterizará en adelante la apreciación del objeto particular de análisis de la disciplina. El estudio sociológico sistemático sobre “el trabajo” reporta a partir de entonces, en forma regular y predominante, a la explicación dirigida a comprender los mecanismos intrínsecos de las actividades laborales, desde un ángulo que atiende la propia condición integral de los trabajadores. Tal direccionamiento conlleva, además, una propuesta de replanteo de la metodología investigativa, junto a una reivindicación de la observación “directa y participante” característica de los acercamientos empíricos etnográficos; en ese sentido, las vivencias concretas -personales y estratificacionales- de trabajo sirven de apoyatura en aras del conocimiento preciso del devenir de la cuestión socio-ocupacional.

El enfoque precitado resultará asimilable, en algunas corrientes teóricas, al aspecto denominado centralidad del ámbito espacial laboral; por ejemplo, el establecimiento o planta fabril donde se realiza cotidianamente el proceso de trabajo constituiría el lugar “real” en el cual las interrelaciones de clase vigentes en una sociedad determinada suelen manifestarse con mayor nitidez.

Las reconversiones sustanciales, operadas durante las últimas décadas, en lo referente a las modalidades de inserción ocupacional provocaron una mutación del paradigma convencional típico de las llamadas sociedades industriales. A partir de dicha transformación, todavía en curso evolutivo, emerge la necesidad imperiosa de indagar analíticamente las variables de los mecanismos de cambio en las organizaciones que promueven y generan empleo, al interior de los sectores tanto públicos como privados.

Tal encuadre remite a la problemática ampliada acerca de la organización general de la sociedad y su cristalización en el funcionamiento del mercado de trabajo, atendiendo a los mecanismos de conformación de la oferta y de la demanda laborales características de una estructura del empleo determinada. Los desequilibrios crecientes entre ambas variables citadas repercuten directamente en la generación de un “excedente de mano de obra” que da pábulo al fenómeno de la desocupación, el cual a su vez incide fuertemente en los ámbitos polifacéticos de los niveles salariales, la distribución del ingreso, las calificaciones ocupacionales y el consumo de la población en sus diversos estratos sociales, dentro de un contexto crucial definido por las funciones efectivamente ejercidas por el Estado.

Prima facie, interesa destacar las expresiones sociolaborales derivadas de la “flexibilización ocupacional”, característica del denominado genéricamente posfordismo, el cual engloba de modo arbitrario o discrecional casos extremadamente variados y, en muchas ocasiones, teñidos de ambigüedad. Los mismos reflejarían, en última instancia, el impacto de una serie de procesos, entre los que pueden citarse a priori los siguientes: implicaciones macrosociales de la elevada tasa de desempleo, a niveles nacional y del aglomerado urbano en particular; configuraciones diversas de la subocupación; informalidad ocupacional y trabajo “en negro”; tercerización; cuentapropismo; actividades de servicios; jornada horaria y condiciones laborales; remuneraciones; flexibilidad contractual legal; ocupaciones temporales y estacionalidad.

Una estimación sucedánea, aunque imprescindible, debe contemplar la conformación organizacional vigente dentro de las unidades productivas, correspondiente a establecimientos o plantas fabriles de distinta magnitud, con el propósito de evaluar comparativamente situaciones alternativas. Este abordaje tiene como objetivo analizar las formas vigentes de organización intraempresarial, que incluyen el marco de las “relaciones humanas, laborales o industriales”, abordando el papel de los directivos y trabajadores, en su conjunto, en cuanto actores sociales adecuados a las estrategias de cambio impuestas por los nuevos modelos productivos. Asimismo, debe indagarse la evolución del proceso, condiciones y medio ambiente del trabajo atendiendo los parámetros emergentes de eficiencia técnica, los cuales inciden sobre la carga psico-física de la fuerza laboral, a la luz de criterios basados en la premisa de racionalidad económica. 

Una vez evidenciada claramente la ruptura con el modelo paradigmático de relaciones productivas hegemónico en los gloriosos treinta años subsiguientes a la postguerra, marcado por el asalariamiento “fordista” en el marco de los Estados del bienestar, la sociología del trabajo apuntará a las coyunturas fácticas del “mundo ocupacional”, tanto al interior de la unidad en la que se llevan a cabo las funciones laborales como, asimismo, extramuros. Al respecto, los trabajadores no se encuentran aislados, pues integran un sistema socioeconómico dentro de cuyo marco ellos se relacionan de manera interactiva con el medio ambiente circundante y, habitualmente, con dispositivos más o menos estructurados. El personal de una institución o empresa dadas se halla conformado técnicamente por grupos relativamente homogéneos, encontrándose sujetos a condiciones semejantes de trabajo durante cierto periodo, debido a lo cual la identificación y adecuada caracterización de aquellos segmentos de la “mano de obra” debería constituir un objetivo relevante de investigación.

Los colectivos de personas y los individuos, analizados desde el punto de vista específico de sus papeles en tanto trabajadores, serán visualizados -teniendo en cuenta su ubicación en la estructura social general y su dinámica inherente- a través de una trayectoria temporal determinada, en su evolución histórica grupal constitutiva, condicionada en una dimensión considerable por el progreso y la transformación tecnológicos. Es conveniente evaluar las estrategias desplegadas de hecho por la fuerza laboral, a partir de un encuadramiento socioantropológico, etológico y ergonómico, apreciando la adaptación de sus tareas concretas a las normativas prescritas formalmente; ello demanda la apelación a conceptualizaciones aggiornadas, así como también al recurso de instrumentos renovados de recolección y procesamiento de indicadores empíricos.

No pueden soslayarse las modalidades de alternativas de readecuación, o eventual respuesta reactiva, de los operarios industriales o empleados administrativos ante la adopción de nuevas medidas de corte disciplinario encaminadas al control de los trabajadores, lo cual requiere el entendimiento del proceder corriente de los actores estatales y empresariales, dentro del escenario de la actual división -técnica y social- del trabajo, en los planos internacional, regional, local y microeconómico. En dicho contexto, es preciso contemplar tanto el interior como el contorno del reducto donde se desarrollan las actividades laborales, con el propósito de reelaborar conceptualmente, y desde el punto de vista de la metodología investigativa, una sociología integral del trabajo. Inciden en ambas facetas, asimismo mutuamente imbricadas, la estimación de las transiciones de raigambre cultural referidas a la valoración del factor trabajo globalmente, y no sólo en términos de mera mercancía.

A la luz de la permanente reconstrucción científica de la disciplina, que determina sustancialmente el contenido de los proyectos de investigación correspondientes a la misma, el ente estimado convencionalmente como objeto de análisis, esto es los trabajadores considerados grupalmente en sus distintos estratos, junto a los caracteres y procedimientos característicos de los sectores capitalistas y/o empleadores, deberían resultar partícipes activos de los emprendimientos investigativos.

Respecto al condicionamiento social de las técnicas productivas, el mismo obedece a que el desarrollo de los medios de producción refleja una materialización de las relaciones sociales. En tal sentido, verbigracia, “el movimiento de separación de la concepción y de la ejecución comienza [históricamente], por lo menos, con la separación del capital y del trabajo”. “El taylorismo no es la expropiación del saber obrero; es, en cambio, una de las modalidades de elusión y deformación de este saber para dominarlo”. “La especificidad del taylorismo [consiste en] haber afirmado simultáneamente que, gracias a sus métodos y sus técnicas, era posible que una categoría particular de asalariados determinara científicamente, y por ende imparcialmente, cuál era el mejor trabajador, la mejor herramienta y la mejor manera para hacer determinada cosa, y que las empresas que se organizaran sobre sus bases podían reconciliar y satisfacer los intereses aparentemente antagónicos de sus dirigentes y empleados” (Freyssenet, 2002: 12/14).

“Desprovisto progresivamente de sus pretensiones científicas y políticas, el taylorismo práctico fue reduciéndose a técnicas de preparación, de medida y de control del trabajo, que los ingenieros y técnicos han aplicado y siguen aplicando mientras su rechazo no se imponga socialmente […] Lejos de encontrarse en vías de desaparición, [la metodología taylorista] puede ser utilizada -inclusive en talleres automatizados- particularmente en tareas de intervención, reparación y mantenimiento que se realicen de acuerdo con procedimientos preestablecidos, en un tiempo determinado”. Asimismo, “con técnicas idénticas la organización del trabajo puede ser diferente, [dado que] las máquinas sólo producen efectos en relación con el uso social que se haga de ellas, una vez que han sido producidas”. Por lo tanto, es preciso estimar el modo social de concepción de las máquinas, así como el tipo de ellas resultante de aquél. “Las técnicas productivas son productos sociales como tantos otros y […] sólo son determinantes en la medida en que los fines que les son asignados continúen imponiéndose socialmente”. En consecuencia, las mismas no son socialmente neutras. “Lo que está en cuestión no es la exteriorización de la inteligencia productiva sino la forma social de esta exteriorización…” (Freyssenet, 2002: 14/39).

“Las formas de organización del trabajo que aparecen actualmente en las líneas de fabricación automatizadas toman otro sentido al ser analizadas en función del problema que constituye el control del trabajo, redefinido por la automatización -forma social particular e históricamente determinada de materialización de la inteligencia productiva-, tal como se la concibe e instrumenta”. La configuración sociotécnica contemporánea tiende a reemplazar a aquella formada por “obreros profesionales que conducen y mantienen una máquina-herramienta universal, ayudados por una mano de obra numerosa”. El pasaje hacia la conducción de máquinas-herramientas especializadas implicó para los trabajadores que las operan “una promoción y una recalificación reales, pero significó también el medio para hacer desaparecer a los obreros profesionales de fabricación…” (Freyssenet, 2002: 14/39)

Debe aclararse que “existe una autonomía de la división del trabajo en relación con la técnica, y [a ésta] es posible orientarla en uno u otro sentido actuando sobre los factores que la condicionan”. “La reconstrucción o el seguimiento de la concepción y explotación de diversas plantas automatizadas [permite] identificar y cuestionar los objetivos, principios, presupuestos y representaciones sociales que orientaron las decisiones técnicas [y] buscar cuáles podrían ser sus orígenes organizacionales y sociales y, en consecuencia, su permanencia y evolución” (Freyssenet, 2002: 39).

Las premisas económico-sociales del proceso actual de automatización, y sus posibles causales, son las siguientes: “el funcionamiento real de una planta podría y debería guardar correspondencia con su funcionamiento teórico […]; la rentabilidad de la inversión sería tanto más elevada cuanto más significativa y rápida fuera la reducción de mano de obra […]; la reparación rápida sería el fundamento de la disponibilidad de las líneas automatizadas […]; la búsqueda del mejor compromiso como estrategia de optimización […]; la superioridad de la solución técnica por sobre cualquier otro tipo de solución […]; la mayor incertidumbre en cuanto a la producción provendría de la incertidumbre humana y social” (Freyssenet, 2002: 40/65).

“El proceso y la forma social de la automatización actual son compatibles con algunas de las nuevas formas de organización del trabajo y contradictorias con otras [pues], a pesar de las apariencias y de los discursos que se sostienen, no todas ellas son organizaciones calificantes…”. En la actualidad resulta factible “pensar y describir un proceso y una forma social de automatización [en aras de] emprender una reversión real y duradera de la división de la inteligencia del trabajo, aún si el tipo de empresa que hallamos […] pueda hacernos dudar de la posibilidad de que esto se generalice sin mediar una profunda transformación de la relación salarial misma, puesto que el abandono del taylorismo práctico no es suficiente para que ello ocurra” (Freyssenet, 2002: 40/65).

Además, “las técnicas productivas no solo están condicionadas sociológica, económica y culturalmente en cuanto a su desarrollo y difusión, […] sino que [también] ellas están construidas y constituidas socialmente por los objetivos, principios, representaciones, presupuestos económicos y sociales que se encuentran en su origen y que hunden sus raíces en la relación salarial y en la división de la inteligencia del trabajo, que le está unida desde hace dos siglos”. “La técnica tiene, en realidad, la dureza o la maleabilidad del contexto social del cual es la materialización. Las tesis opuestas del determinismo tecnológico y de la neutralidad social de la técnica tienen en común el hecho de que ambas le confieren [a la misma] un estatus de extraterritorialidad con respecto a lo social, como si tuvieran otra esencia” (Freyssenet, 2002: 40/65).

A partir de la expansión del automatismo productivo, la contradicción entre las organizaciones respectivamente de tipos prescriptivo y calificante también se extiende ampliamente, factor que coadyuva a la reapertura del debate acerca del contenido y de la evolución del trabajo. “La diversidad de formas de automatización entre las empresas depende, en primer lugar, de sus diferencias en cuanto a las estrategias de ganancia y a los modelos industriales. En segundo lugar, depende de las inevitables crisis que estos modelos atraviesan, generando […] formas técnicas múltiples y contradictorias, en el seno mismo de las empresas. Depende, por último y sobre todo, de la dificultad que tienen las firmas para incorporar un modelo industrial de manera completa, en la medida en que para ello deben construir y hacer perdurar un compromiso de gestión de la empresa entre los principales actores, a propósito de los medios a emplear (política de producto, organización productiva, relación salarial) para la concreción de la estrategia de ganancia elegida, cuya pertinencia económica y social puede, de otro modo, ser brutalmente cuestionada en el caso de un cambios en [los modos] de crecimiento y redistribución de los ingresos nacionales” (Freyssenet, 2002: 124-125).

La inmensa mayoría de la población activa mundial ejerce desde épocas inmemoriales ocupaciones a los efectos cuasi-excluyentes de enfrentar el apremio impuesto por la exigencia de sustento económico en aras de la supervivencia material. Se trata de tareas fácticamente obligatorias en el sentido de llevarse a cabo “bajo amenaza de ruina”, según la noción marxiana. Por otro lado, un círculo ínfimo privilegiado de personas, en cualquier sociedad, puede desarrollar actividades remuneradas acordes con su vocación, formada por inclinaciones particulares en términos del valor estimado como “realización integral” del ser humano.

Asimismo, Weber sostenía que una premisa básica del capitalismo radica en la libertad de trabajar, de tal modo que proliferen sujetos coercionados -desde los puntos de vista tanto económico como jurídico- a “vender libremente su actividad en el mercado”; de allí que sólo teniendo en cuenta ese segmento de trabajadores, al existir obreros formalmente libres, aunque “acuciados por el látigo del hambre”, los empleadores pueden calcular con precisión, a priori, los costes de la producción (Weber, 1983: 238).  

Al margen de las relaciones de esclavitud y servidumbre, predominantes históricamente durante siglos, y a partir del proceso de industrialización capitalista occidental, emergieron numerosas conceptualizaciones en torno de los fenómenos de “objetivación, enajenación y alienación” de la esfera laboral, experimentados masivamente por la fuerza de trabajo en las diversas, coexistentes o sucesivas, formaciones económico-sociales del capitalismo. Tampoco resultó ajeno a este proceso la experiencia de los socialismos reales, patrocinados por la Unión Soviética, durante gran parte de la centuria pasada. 

El funcionamiento del mercado laboral es proclive a reprimir, incluso “simbólicamente”, dado que -por ejemplo- aun sin la existencia de coacción física el desempleo tiende a actuar en términos de “disciplinador social” contundentemente eficaz. El sistema capitalista fue engendrado sobre la base de los mecanismos opresores y represivos implícitos en el trabajo vivo subsumido con el propósito de apropiación del trabajo abstracto, lo cual representa un procedimiento inherente y continuo de su evolución a través del devenir histórico. Los ámbitos escindidos de las labores manuales e intelectuales, y la esfera del diseño aislada de la ejecución, equivalen a dominio, funciones enajenadas, proceso que conlleva controlar personas, imposibilitando que las ocupaciones rentadas resulten, aunque fuera mínimamente creativas y de alguna forma gratificantes. En consecuencia, prevalecen las tareas forzadas generadoras de alienación personal y colectiva, puesto que el trabajo en el sistema significa “apropiación de la libertad (salvo la de morirse de hambre) del hacer”, constituyendo el poder sobre el poder hacer  (López, 2004).

Según lo expuesto, “el trabajador se torna más pobre cuantas más riquezas produce”, deviniendo una mercancía o cosa desrealizada, cuyo costo resulta inversamente proporcional a la cantidad de productos generados[2]. Un perjuicio fundamental debido a la alienación laboral consiste en suprimir la vida esencialmente “genérica” del ser humano, acotando su existencia a un mero juego de egoísmos[3]. En tal sentido, “objetivar” significa asignarle a determinada concepción la cualidad de objetividad, es decir no referida a las ideas singulares, sino basada en el mismo objeto, al margen de distintas subjetividades. El fenómeno de la enajenación conduce a procesos por los cuales las personas, y/o un grupo de ellas, transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de sus condiciones particulares[4].

La problemática compleja acerca del trabajo cosificado puede considerarse, analíticamente, por medio de la estimación de tres grandes instancias histórico-sociales, en términos abstractos de “modelos puros”, compuestas por la etapa del capitalismo industrial libreempresista, la fase del Estado regulador y la era neoliberal, sucesivamente.

 

BIBLIOGRAFÍA

Beltrán, Miguel (1991): La realidad social; Madrid, Tecnos.

Beltrán, M. (1993): Cinco vías de acceso a la realidad social; en García Ferrando, M., Ibáñez, J. y Alvira, F. (comp.), “El análisis de la realidad social. Métodos y técnicas de investigación”; Madrid, Alianza Universidad.

Freyssenet, Michel (2002): Trabajo, automatización y modelos productivos; Buenos Aires., Lumen.

Kerbo, Harold R. (1998): Estratificación social y desigualdad. El conflicto de clases en perspectiva comparada”; Madrid, McGraw Hill, caps. 1 a 4.

López, Néstor (2004): Debate Holloway - Dussel - Borón, en la UNAM. “Discrepando con Dussel”, Tema Herramienta Nº 27

Offe, Claus (1984): La sociedad del trabajo. Problemas estructurales y perspectivas de futuro; Madrid, Alianza Editorial.

Sanchis, E., y Miñana, J. -eds.- (1988): La otra economía. Trabajo negro y sector informal; Valencia (España), Edicions Alfons el Magnànim.

Weber, Max (1983): “Historia Económica General”, México, F.C.E.

 


[1] Horkheimer, Max: Traditional and Critical Theory.

[2] Esta cosificación construida con el trabajo del propio trabajador, ¿no es represión-opresión-dominación del trabajo muerto sobre el trabajo vivo? La desrealización hasta morir de hambre, ¿no es represión-dominación, aun bajo el Estado de bienestar más democrático que haya existido o existiera jamás? [López, N., ídem]

[3] Al respecto, mediante sus “Manuscritos económico-filosóficos de 1844”, Marx profundizó conceptualmente la esencia estructural de la sociedad capitalista, teorización que representaría una auténtica ontología implícita con una metafísica de la realidad histórica unida a una crítica de la economía política clásica [Lukács, György: “Ontología del ser social. El trabajo”; Infranca, Antonino – Vedda, Miguel (eds.), Bs.As., Ediciones Herramienta, 2004, págs. 15-16]

[4] Lukács interpretó la actividad laboral en cuanto fenómeno originario, o “modelo del ser social”, equivalente a una especie de sustancia principal o pura, argumentación alusiva a la “esencia perceptible en los propios fenómenos”. En tal sentido, el carácter objetivado del trabajo remite -en principio- a su atributo intrínseco de “forma básica, fundamento o caso modelo” de la vida humana. En última instancia, la esfera ocupacional constituiría un factor clave a partir de cuya evolución devienen ciertos complejos propios de las personas interactuando socialmente [Lukács, G., ídem]

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